El sueño americano

Por Irvin Gomez 10/27/2011

Hojeando las innumerables tareas del octavo grado, tropiezo con una que quiero mucho. Escrita con lápiz, en la parte superior de la página, el tema: “¿Qué significa para ti el sueño americano?”  Una combinación de orgullo, felicidad y tristeza llena mi mente en la medida en que leo. Mientras leo garabatos en la página de rayas anchas, puedo ver muchas cosas que han cambiado. Mi caligrafía, entonces apenas descifrable, es ahora más legible, y me gramática se ha beneficiado de las clases de escritura que he tomado. Si tuviera que volver a escribir este ensayo, habría numerosos cambios en su estructura y en la selección de palabras, pero un aspecto de él no cambiaría:  el significado del sueño americano.

Recuerdo a mis compañeros de clase dudando sobre la definición del sueño americano, su dificultad en decidir si ellos querían ser ricos o famosos. Yo, en cambio, no tenía dudas sobre mi definición. Me había sido siempre clara y continúa siéndolo. Mi sueño americano es mostrarles a mis padres que el más grande sacrificio que ellos han hecho en su vida por mi hermano y por mí valió la pena.

La palabra sacrificio se queda corta para mi descripción de sus acciones. Lo que ellos dejaron atrás por nosotros nunca podrá ser recuperado. Una familia bien establecida en México, su país, padres, parientes, recuerdos, un bello pasado. Renunciaron a todo esto sin vacilación. Sin ninguna duda. Con su mente puesta en hacer mejor la vida de sus hijos que la de ellos mismos, tomaron una decisión que cambió drásticamente su vida.  En aquel momento, el cambió repentino no fue para nada bienvenido en la mente de un niño de diez años. Fue muy difícil entender por qué no pudimos tomar un avión para chicago o por qué tuvimos que viajar en una camioneta con otras diecisiete personas de Arizona a Illinois.

En tanto me enfrentaba a una nueva cultura, a una nueva lengua y a la nieve, comencé a entender poco a poco las razones detrás de la decisión de salir de México y mudarnos al “norte”, como se conoce a Estados Unidos en Oaxaca.  Las palabras “un mejor futuro y una mejor educación” fueron pronunciadas cuando, con lágrimas en mis ojos, pregunté por qué se había tomado esa decisión. Cuando pregunté por qué teníamos que escondernos en nuestro camino a Waukegan, una nueva palabra surgió: ilegales. La palabra no tuvo mucho significado entonces, pero con el transcurso de los meses y mi nuevo entendimiento de las leyes de migración, la palabra comenzó a tener sentido. Años después, cuando supe sobre la universidad y el proceso de ayuda financiera, comencé a sentir pavor por la palabra.

El cambio provocado por nuestra mudanza a un nuevo país fue abrupto y frustrante, tanto académica como personalmente. El tener que aprender una nueva lengua y luchar en clases me enseñó a ser humilde y aumentó mi deseo de tener éxito. Sin embargo, mi hermano y yo no éramos los únicos en sufrir por estar en un nuevo país. Mis padres habían tenido su propio negocio, ahora tenían que ser empleados. Mi padre trabajó como lavador de platos, mientras mi madre, una maestra de párvulos en México, tuvo que tragarse su orgullo y trabajar en una tienda de al por menor. Ellos nunca se quejaban, siempre seguros de las razones por las que habíamos venido a este país.  Eventualmente, ambos pasaron a trabajar a un almacén y la mirada de orgullo en sus ojos nos demostraba que todos lo que ellos hicieron fue por nosotros. Esa mirada provocó un nuevo deseo en mí. Ver a mis padres trabajar tan duro, verlos luchar día tras día, me hizo darme cuenta de que un día yo les haría saber que su sacrificio valió la pena.

Con el fin de lograr el objetivo por el cual ellos se habían sacrificado, me concentré en lo académico. En dos años logré pasar del programa de inglés como segunda lengua (ESL) al programa de clases regulares. Mis profesores siempre se sorprendían de mi habilidad para aprender la lengua tan rápidamente y de mi dedicación. Los primeros tres años de la escuela secundaria (middle school) se fueron para darle paso a sus últimos cuatro años (high school), mi deseo, sin embargo, siguió siendo el mismo. Nuevas imágenes se formaron en el horizonte en la forma de “universidad, primer latino en dar el discurso de despedida en su graduación”. El deseo de alcanzar estas metas continúo forjándose de las acciones de mis padres. A pesar del hecho de que todas estas metas reflejarán mi éxito personal, yo no lo veo como tal. Yo no soy el único que tiene éxito. Somos nosotros. Yo no estoy haciendo esto solamente para mi beneficio personal. Lo estoy haciendo para mis padres, como una forma de mostrarles que su sacrificio valió la pena.

Y aquí estoy ahora, al borde de hacer realidad mis sueños, de darle sentido a la única razón por la cual mis padres vinieron a este país. Estoy en un momento crucial de mi vida cuando todas mis luchas, mi perseverancia, mi dedicación y los sacrificios de mis padres se combinarán para dar como resultado mi aceptación en una universidad selectiva. En el momento cuando abra esa carta de aceptación y vea la felicidad y orgullo en los ojos de mis padres, seré capaz de decir que he despertado del sueño americano para enfrentarme a una hermosa realidad.

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